Los custodios de un símbolo gualeyo

El puente ferroviario Paso de Alonso significó un gran despegue para la actividad ferroviaria en Gualeguay. Hoy tiene pronóstico de muerte.

Entre Ríos – Argentina – 28/06/2020: En tiempos donde la angustia es más fuerte que cualquier otro sentimiento, vale la pena contar historias simples, de personajes anónimos. La curiosidad también debe estar puesta en las acciones colectivas pensadas desde un profundo sentido de pertenencia. Como muchos otros símbolos de progreso en el país, el puente ferroviario Paso de Alonso significó un gran despegue para la actividad ferroviaria en Gualeguay.

No solo disminuyó los tiempos de los viajes interprovinciales, a través de la red troncal que llega hasta Enrique Carbó, sino que como medio de transporte por excelencia favoreció el intercambio comercial y social. Según el material de archivo, la construcción del gigante de acero se remonta a 1884, cuando la Tierra de los poetas disfrutaba de sus años más pujantes como polo ferroviario. Tiempo antes la localidad había forjado una identidad propia de la mano del Ferrocarril Primer Entrerriano, la primera línea ferroviaria construida en la provincia de Entre Ríos y en la Mesopotamia argentina. Fue un verdadero hito para un pueblo que se hermanó con el Paso Alonso, testigo silencioso del crecimiento de una comunidad pujante y comprometida.

Hoy el enlace está herido, y con pronóstico de muerte. El Ferro Club El Primer Entrerriano, con más de 26 años de trayectoria, realizó un relevamiento fotográfico para evaluar el lento deterioro de la estructura, derruida por la falta de mantenimiento y el abandono sistemático del Estado. “Una de las columnas secundarias del puente está a punto de claudicar, ya que presenta una rajadura bastante importante: el puente ha perdido en algunos grados su horizontalidad.

Es una señal de alerta de una fatiga de resistencia debido a la carga, que ya está generando algunos problemas. Ese debilitamiento de la estructura se debe a que el río ha ido cambiando su trayectoria durante mucho tiempo, sumado a los movimientos de arena que han ido modificando el cauce del río Gualeguay. La columna en cuestión ha perdido soporte, dejando varios metros liberado el retén del lecho del río”.

El testimonio pertenece a Oscar Davis, unos de los fundadores del Ferro Club y que junto a un grupo de voluntarios comenzó la ardua tarea de salvataje de un patrimonio histórico de la comunidad. A puro sacrificio y con una estrategia basada en la solidaridad, la agrupación se propuso la difícil misión de restaurar esa fisura que cada día se profundiza más. Valiéndose de pocos recursos comenzaron la limpieza de los restos de palos, ramas y otros residuos esparcidos a lo largo del curso de agua.

Este puente ferroviario fue declarado patrimonio arquitectónico de Gualeguay y de la provincia de Entre Ríos, y es, en conjunto con la estación ferroviaria de Puerto Ruiz de la misma ciudad y la locomotora Gualeguay renombrada años más tarde como Solís, el mayor legado de una historia viva del progreso local, del que solo queda el recuerdo de una época dorada. “Queremos que cuando llegue la creciente del río, que ya está aumentando su volumen y no nos favorece, por lo menos no encuentre esa pared de palos que con la correntada presiona la columna”, describió Davis.

La montaña de basura llega hasta el fondo del cauce, a unos cuatro metros de profundidad, por lo que para removerlos será necesario recurrir a motosierras y lingas. Teniendo en cuenta que es un trabajo que requiere de mucho esfuerzo en el territorio, el Ferro Club convocó a los Bomberos Voluntarios de Gualeguay y al Foro Ambiental de la localidad, uniendo a varios actores en un proyecto que en buena medida favorece el saneamiento de ese sector del río.

Poder concretar este anhelo también depende de circunstancias que exceden el costado solidario. Sucede que el ramal ferroviario en cuestión es propiedad del gobierno nacional: “Con la cuarentena uno no se puede mover o viajar, tampoco conformar reuniones con los gobernantes. La Provincia podría dar una mano de alguna manera, primero tendría que pedir permiso a la Nación”, reflexionó Davis. El primer paso se dio con firmeza, pero aún falta un largo camino para concretar un sueño de varias generaciones que crecieron viendo a ese gigante de acero y al tren como un símbolo de hermandad de los pueblos.

Fuente: Uno Entre Ríos