{"id":34536,"date":"2015-11-30T15:04:57","date_gmt":"2015-11-30T18:04:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.rieles.com\/front\/?p=34536"},"modified":"2015-11-30T15:04:57","modified_gmt":"2015-11-30T18:04:57","slug":"nuevos-trenes-la-vida-portena-de-los-tecnicos-chinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/nuevos-trenes-la-vida-portena-de-los-tecnicos-chinos\/","title":{"rendered":"Nuevos trenes: la vida porte\u00f1a de los t\u00e9cnicos chinos"},"content":{"rendered":"<p>El sol del mediod\u00eda hace brillar un container estacionado a un costado del dep\u00f3sito ferroviario de Castelar, devenido en oficina. La puerta est\u00e1 abierta. Desde adentro, detr\u00e1s de su peque\u00f1o escritorio, el gerente saluda con un gesto y, toc\u00e1ndose el pecho, dice: \u00abYo, \u00c1ngel\u00bb. Viste un overol gris y borcegu\u00edes negros.<\/p>\n<p>\u00c1ngel es chino y lleg\u00f3 a la ciudad hace casi un a\u00f1o. Antes de mudarse, no se llamaba \u00c1ngel, sino Yang, pero dej\u00f3 ese nombre en China, junto con todo lo dem\u00e1s, su mujer y su hijo incluidos.<\/p>\n<p>\u00c1ngel tiene 33 a\u00f1os y es el jefe de 70 trabajadores de la empresa CSR, el mayor fabricante chino de trenes. Son 65 varones y cinco mujeres que trabajan en turnos diurnos o nocturnos, con francos rotativos. El equipo brinda asistencia t\u00e9cnica y capacitaci\u00f3n en las l\u00edneas Sarmiento, Mitre y Roca. Se quedar\u00e1n, por ahora, hasta marzo, seg\u00fan establece una garant\u00eda de posventa firmada en 2013 entre la compa\u00f1\u00eda y el gobierno nacional, cuando se efectu\u00f3 la compra de 709 vagones nuevos para los tres servicios en la que el Estado invirti\u00f3 841 millones de d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Al taller de Castelar llegan en combi desde el centro porte\u00f1o. Hay traductores al espa\u00f1ol que explican lo que los t\u00e9cnicos o ingenieros les indican a los ferroviarios argentinos. La traductora Shasha -una china de 26 a\u00f1os con las u\u00f1as pintadas de plateado- fue bautizada por los operarios locales como Susana porque nadie pod\u00eda pronunciar su verdadero nombre. Lo mismo pas\u00f3 con su jefe, \u00c1ngel, y con todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s del escritorio de su oficina, \u00c1ngel ofrece t\u00e9 de jazm\u00edn en una taza de porcelana diminuta y explica, en mandar\u00edn, por qu\u00e9 vino de su tierra milenaria a este pa\u00eds sudamericano.<\/p>\n<p>Con el dedo \u00edndice, Susana dibuja la Rep\u00fablica Popular China sobre un papel imaginario y lo apoya all\u00ed donde quedar\u00eda su provincia. Luego le da un sorbo ruidoso a su t\u00e9 y traduce: \u00abShandong\u00bb. \u00c1ngel asiente con su cabeza, preso de su idioma.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n compleja \u00abLos argentinos est\u00e1n conocido a las fallas de tren. Tienen experiencia\u00bb, dice Susana, que traduce las palabras de \u00c1ngel a un espa\u00f1ol b\u00e1sico mientras recorren el taller de Castelar.<\/p>\n<p>Luego suben a la cabina de un ferrocarril estacionado, que est\u00e1 en reparaci\u00f3n, y contin\u00faan: \u00abNosotros ponemos mucho \u00e9nfasis en el trabajo, pero los argentinos no. Hay mucha familia que sale el fin de semana. Muy feliz. En China trabajamos toda la hora, todo lo d\u00eda. Por eso envidiamos a ustedes\u00bb.<\/p>\n<p>Por un pasillo aparece otro chino, al que le dicen Leonardo, un t\u00e9cnico de 31 a\u00f1os, y grita: \u00abAsado, amigo\u00bb. Todos se r\u00eden. Susana tambi\u00e9n, y despu\u00e9s explica que de ese modo los ferroviarios argentinos suelen invitarlos a comer los fines de semana. Pero no todos son cordiales con los forasteros. \u00abEvito tratarlos. Son raros. No se les entiende nada\u00bb, dir\u00e1 m\u00e1s tarde un operario local, que prefiri\u00f3 no dar su nombre.<\/p>\n<p>Los coches fabricados por la empresa CSR est\u00e1n equipados con frenos independientes, aire acondicionado, calefacci\u00f3n y c\u00e1maras de monitoreo que les permiten al motorman y al guarda observar lo que sucede en el interior de la formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las puertas son inteligentes, por lo que el tren s\u00f3lo arranca cuando todas est\u00e1n debidamente cerradas. Las unidades poseen carteles electr\u00f3nicos con los nombres de las estaciones. Cada vez que el motorman frena en una parada, se enciende una luz sobre los pasajeros para que se puedan ubicar.<\/p>\n<p>Cuentan con espacios dise\u00f1ados para personas con movilidad reducida, sensores de peso y un sistema de comunicaci\u00f3n interna por radio y megafon\u00eda entre el conductor y los pasajeros.<\/p>\n<p>Est\u00e1n preparados para desarrollar una velocidad m\u00e1xima de 100 kil\u00f3metros por hora, pero la traza de la l\u00ednea s\u00f3lo permite alcanzar los 75 kil\u00f3metros por hora.<\/p>\n<p>En reiteradas oportunidades, LA NACION intent\u00f3 consultar al Ministerio de Interior y Transporte y a la Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado (Sofse) sobre la extensi\u00f3n de los contratos con la empresa china CSR, pero no respondieron. Su estad\u00eda podr\u00eda extenderse porque el contrato con el Roca es de dos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Vida de barrio Los enviados chinos viven en un hotel que la empresa alquil\u00f3 en Venezuela 2495, en Balvanera. Es una construcci\u00f3n sencilla, sin mucho esmero. En la planta baja hay un comedor, una cocina y un sal\u00f3n con mesas de ping-pong y billar. Entre las columnas del sal\u00f3n cuelgan sogas con ropa, de modo que cuando juegan deben esquivar pantalones o camisas. En los dos pisos de arriba est\u00e1n las habitaciones, un gimnasio y un patio con jacuzzi, que jam\u00e1s usaron. Aqu\u00ed y all\u00e1 hay guirnaldas con mensajes de buena fortuna por la Fiesta de la Primavera.<\/p>\n<p>Cuatro cocineros chinos preparan la cena de hoy. Los dem\u00e1s, est\u00e1n jugando al ping-pong , a los gritos. A las 19, cuando se abre el comedor, se abalanzan sobre las seis mesas redondas. Se sirven una sopa de arroz en una peque\u00f1a olla de metal.<\/p>\n<p>El resto de la comida la comparten en platos comunitarios: hay m\u00e1s arroz, trozos de carne con salsa de soja y fideos chinos fritos. Comen, por supuesto, con palitos de madera. Nadie toma agua, gaseosa o bebidas alcoh\u00f3licas. Apenas hablan.<\/p>\n<p>Ni \u00c1ngel ni Susana -ni ninguno de los chinos del hotel- pasean por el barrio. Trabajan casi todo el d\u00eda y s\u00f3lo salen en sus francos: hacen las compras en un supermercado chino que queda enfrente, salen a comer a alg\u00fan restaurante de la zona y a caminar por la Reserva Ecol\u00f3gica. Durante la semana, en sus ratos libres, se quedan adentro haciendo ejercicio o estudiando espa\u00f1ol. Muchos est\u00e1n casados y tienen un hijo. Por las noches hablan con sus familias por videollamada.<\/p>\n<p>Durante los diez meses que llevan en la ciudad, visitaron la Casa Rosada, el Rosedal, el Zool\u00f3gico de Buenos Aires y Tigre. Entre sus sitios preferidos est\u00e1n la calle Florida y la avenida 9 de Julio. Al barrio chino de Belgrano tambi\u00e9n fueron, pero coinciden -decepcionados- en que s\u00f3lo representa a una provincia de su tierra: Fujian.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.entornointeligente.com\/articulo\/7438320\/Nuevos-trenes-la-vida-portena-de-los-tecnicos-chinos\">Entorno Inteligente<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sol del mediod\u00eda hace brillar un container estacionado a un costado del dep\u00f3sito ferroviario de Castelar, devenido en oficina. La puerta est\u00e1 abierta. Desde adentro, detr\u00e1s de su peque\u00f1o escritorio, el gerente saluda con un gesto y, toc\u00e1ndose el pecho, dice: \u00abYo, \u00c1ngel\u00bb. 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