{"id":96895,"date":"2020-06-01T15:06:53","date_gmt":"2020-06-01T18:06:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.rieles.com\/front\/?p=96895"},"modified":"2020-06-01T15:06:53","modified_gmt":"2020-06-01T18:06:53","slug":"penultimo-tren-a-mendoza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/penultimo-tren-a-mendoza\/","title":{"rendered":"Pen\u00faltimo tren a Mendoza"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Buenos Aires &#8211; Argentina &#8211; 01\/06\/2020:\u00a0<\/strong>Con los lacios y muy rubios cabellos al viento de por entonces, enfrentando el aire fresco aunque no fr\u00edo que me pegaba de lleno en mi cara de felicidad en una tarde de domingo, seguramente oto\u00f1al, iba paradito en el estribo de la motoneta \u201cISO\u201d blanca y amarillo p\u00e1lido que mi padre ten\u00eda por entonces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo hac\u00eda tomando el manubrio con las dos manos, casi hasta la altura de los pu\u00f1os, a la par de las grandes manos, aunque delgadas, de mi padre, as\u00ed como en est\u00e9reo, con la seguridad inmensa que a esa edad se tiene de que lo estaba ayudando a conducir. Orgulloso lo mira hacia atr\u00e1s y de abajo hacia arriba, girando la cabeza para luego volver la vista al frente, como un diminuto aspirante a mascar\u00f3n de proa liliputiense.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi madre iba sentada en el asiento trasero, acomodada de lado, por el impedimento de la pollera. Era el a\u00f1o 1965 \u00f3 66 calculo, y por entonces a\u00fan no se ve\u00edan mujeres con pantalones que les permitiera, entre otras libertades por entonces pendientes, montar a horcajadas aquel ciclomotor. Al menos, me refiero a la Jun\u00edn de por aquel entonces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre las faldas de mi madre iba acomodado mi hermano Jorge, protegido por los brazos de mam\u00e1. Los cuatro transit\u00e1bamos, en dominguero recorrido prefijado, de norte a sur por la avenida San Mart\u00edn hasta General Paz y de all\u00ed, doblando a la derecha por esta \u00faltima, hasta la estaci\u00f3n de trenes. Lo hac\u00edamos todos los domingos y siempre. Ese siempre que a los cuatro a\u00f1os es, siempre para siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me encantaba ese paseo, me subyugaba ese escenario de gente en movimiento, gente en esperas latentes y l\u00e1nguidas, maletas y bolsos, pitidos y vapores o humos seg\u00fan el caso, campanazos, anuncios, voceos de los vendedores ambulantes, risas, llantos, abrazos, palmadas, manos entrelazadas hasta el \u00faltimo instante, murmullos cuidados y descuidados, viajeros y p\u00fablico, aunque m\u00e1s de estos \u00faltimos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPor qu\u00e9 me resultaban tan atrapantes esas escenas que ten\u00edan como protagonista central al tren, pero tambi\u00e9n a la geograf\u00eda humana? No lo s\u00e9, o en realidad s\u00ed, pero tal vez no tendr\u00eda una sola respuesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una tardecita de un d\u00eda cualquiera pero que no era domingo, \u00abrumbeamos\u00bb para la estaci\u00f3n de trenes, pero esa vez no \u00edbamos de paseo en la ISO, lo hac\u00edamos en un taxi. De repente advert\u00ed que \u00e9ramos nosotros quienes port\u00e1bamos bolsos y maletas. \u00bfDe d\u00f3nde hab\u00edan salido, si esos artefactos siempre los portaban otros?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tampoco mi memoria registra aviso previo de tal acontecimiento. Me refiero a los preparativos. \u00bfA qu\u00e9 se deb\u00eda? Tal vez por mi corta edad de entonces, no estaba anoticiado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al llegar a la estaci\u00f3n advierto que all\u00ed nos esperaba mi t\u00eda Rosa (t\u00eda abuela en rigor) y Celia, para nosotros Mim\u00ed, prima hermana de mi madre y sobrina de aquella. Ambas muy sonrientes, algo nerviosa la t\u00eda, paraditas en el and\u00e9n con una valija de aquellas de entonces, de cart\u00f3n r\u00edgido color marr\u00f3n con cinturones y hebillas para ajustar su cierre, m\u00e1s un par de bolsos y sendas carteras. T\u00eda Rosa ten\u00eda, adem\u00e1s, colgada de su brazo derecho, una canastita mediana de mimbre con un peque\u00f1o mantelito blanco inmaculado, con unas flores bordadas en hilos de diversos colores, dispuestas en una suerte de guarda en los bordes. Ese mantel cubr\u00eda algo guardado en el interior de la cesta que no dejaba adivinar con precisi\u00f3n su contenido, pero por la morfolog\u00eda asim\u00e9trica, y por los antecedentes de la t\u00eda supuse que eran algunas delicias de su propia manufactura. No me equivocar\u00eda en eso, jam\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los mayores hablaban y realizaban tr\u00e1mites, mientras yo miraba con perplejidad de ni\u00f1o aquel tren estacionado a la vera del and\u00e9n, con los guardas vestidos de manera impecable, enfundados en sus trajes grises, corbatas oscuras portando gorras con visera negra bien lustrosas, cada uno ubicado a la par del acceso a cada vag\u00f3n, seg\u00fan su clase correspondiente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me acerco a un lado de uno de los vagones, y promediando el mismo alcanzo a leer con detenimiento, en un cartelito de madera pintado de blanco con unas letras negras que rezaban: \u201cEl Cuyano\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013 Guau! Exclam\u00e9 para m\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-\u201cEste es el tren del que pap\u00e1 hablaba siempre con el abuelo\u201d, me dije, recordando conversaciones ferroviarias habituales en ellos, pues mi padre hab\u00eda trabajado en el ferrocarril, y Jun\u00edn a\u00fan lat\u00eda al comp\u00e1s ferroviario.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-content\/uploads\/pipi2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-96897\" src=\"http:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-content\/uploads\/pipi2.jpg\" alt=\"\" width=\"720\" height=\"960\" srcset=\"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-content\/uploads\/pipi2.jpg 720w, https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-content\/uploads\/pipi2-225x300.jpg 225w\" sizes=\"auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me qued\u00e9 como en blanco. Estaba en eso cuando mi madre me sacude el hombro derecho con su mano izquierda, expres\u00e1ndome:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013 \u201cEs para all\u00e1 la primera\u201d!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No entend\u00ed en ese momento, pero mientras camin\u00e1bamos en direcci\u00f3n al extremo de la formaci\u00f3n, mi madre me iba diciendo que viajar\u00edamos \u201cen primera\u201d. Reci\u00e9n ah\u00ed advert\u00ed, no solo la clase, tuvieron que explicarme bien eso de las clases, no solo que \u00edbamos a viajar, sino que ir\u00eda con ellas tres!! No lo pod\u00eda creer, ir\u00edamos hasta Mendoza! Era un viaje para participar del casamiento del primo hermano de mi madre, el t\u00edo H\u00e9ctor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegamos al vag\u00f3n en cuesti\u00f3n y mi madre me ayud\u00f3 a subir aquellos altos, para entonces, escalones de hierro s\u00f3lido. Entramos al vag\u00f3n y sobre el meridiano del mismo, mi madre dijo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2013 \u201cEstos son\u201d. Se\u00f1alando en c\u00edrculo con el dedo \u00edndice de su mano derecha a cuatro asientos de color verde, enfrentados entre s\u00ed de a pares. De un lado nos sentamos mi madre y yo, en mi caso del lado de la ventanilla, no me lo iba a perder! Frente de mi se ubic\u00f3 Mim\u00ed y a su lado t\u00eda Rosa.<br \/>\nMim\u00ed me se\u00f1alaba que \u201cEl Cuyano\u201d ofrec\u00eda cuatro categor\u00edas para viajar, ellas eran: Turista, que era la clase m\u00e1s econ\u00f3mica, con asientos de color marr\u00f3n para tres personas, muy planos y con poca comodidad. Luego estaba la primera, dec\u00eda algo presuntuosa, eran asientos anat\u00f3micos verdes en filas de a dos y que se pod\u00edan girar y tambi\u00e9n reclinar. Prob\u00e9 esa condici\u00f3n. Estaba fascinado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La categor\u00eda siguiente era pulman, me dijo, mientras relataba que ese vag\u00f3n ten\u00eda asientos azules, amplios, recubiertos en el respaldar con una especie de s\u00e1banas blancas y almohadas. Contaba con aire climatizado y las ventanas estaban selladas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enseguida vino a mi mente alguno de los recorridos que hac\u00edamos con mis padres para ver pasar el tren, ya en las noches (seguramente ser\u00eda \u201cEl Libertador\u201d que era un tren de lujo que pasaba tarde por Jun\u00edn hacia Mendoza, proveniente de Buenos Aires. Luego, hube de viajar muchas veces en \u00e9l) y en mi mente de ni\u00f1o, imaginaba que esa secci\u00f3n del tren era para la gente enferma, pues los ven\u00eda a todos adormilados y recostados sobre esas blancuras con luces difusas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, la categor\u00eda suprema eran los camarotes o coches cama. No pod\u00eda creer que hubiera gente que se acostara all\u00ed, al subir en Jun\u00edn y se despertara al amanecer ya para descender en Mendoza, luego de 800 kil\u00f3metros de recorrido, sin ver el paisaje por la ventanilla. Por entonces, no lo entend\u00ed. Y creo que hoy tampoco, tal vez porque me encanta colgar la mirada a trav\u00e9s de la ventanilla y mecerme en el horizonte pampeano, brutalmente lineal y as\u00ed poder navegar a trav\u00e9s del teatro de la lamente, hacia donde ella me lleve.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-content\/uploads\/COMEDOR.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-96898\" src=\"http:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-content\/uploads\/COMEDOR.jpg\" alt=\"\" width=\"959\" height=\"540\" srcset=\"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-content\/uploads\/COMEDOR.jpg 959w, https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-content\/uploads\/COMEDOR-300x169.jpg 300w, https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-content\/uploads\/COMEDOR-768x432.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 959px) 100vw, 959px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El viaje fue una delicia para mis ojos y sentires de ni\u00f1o curioso. Recuerdo haber ido a cenar al coche comedor con mi compa\u00f1\u00eda femenina. Eso era para m\u00ed una pel\u00edcula futurista, pues en el mejor de los casos, mis padres me hab\u00edan llevado a comer un emparedado al bar Marag\u00e1n, o una porci\u00f3n de pizza a la legendaria Pizzer\u00eda Ribas. Cenar con esos camareros con impecables atuendos, sirviendo en mesas con blancos manteles almidonados y con el ronronear del tren en movimiento, al lado de mi madre, t\u00eda y prima, era como estar en las nubes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Supongo que finalmente me habr\u00e9 dormido tarde, pues despert\u00e9 zamarreado suavemente por mi madre quien me dec\u00eda que deb\u00edamos ir al ba\u00f1o a higienizarnos pues est\u00e1bamos llegando a San Mart\u00edn (Mendoza), nuestro destino final.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego de degustar unos incre\u00edbles alfajorcitos de maicena y dulce de leche que T\u00eda Rosa llevara tapados en aquella canasta y de tomar un rico caf\u00e9 con leche, \u201cEl Cuyano\u201d aminoraba su marcha, para ir advirti\u00e9ndonos, junto al guarda que pasaba de vag\u00f3n en vag\u00f3n, voceando que estamos arribando a destino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera imagen que recuerdo de Mendoza, es desde la ventanilla de aquel tren, mis retinas grabaron hileras de vides con las hojas ocres de mortandad oto\u00f1al, esa condici\u00f3n contrastaba con el cielo azul matinal tan l\u00edmpido y \u00fanicamente mendocino, es un reflejo inolvidable e inalterable a trav\u00e9s de los a\u00f1os, de aquel perpetuo cuadro cuyano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Descendimos en el and\u00e9n unas treinta personas, el resto seguir\u00edan hasta la ciudad de Mendoza, destino final del recorrido. Nos esperaba el t\u00edo Mario (t\u00edo de mi madre), quien nos llev\u00f3 en su coche, un Chevrolet negro de la \u00e9poca, hasta su casa, donde nos alojar\u00edamos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro de los primeros recuerdos de Mendoza es como huele esa tierra. Cada vez que vuelvo all\u00ed, siento ese olor tan particular, mezcla de sequedad y oreos del sol siempre presente, estimulando a exudar a las jarillas en flor, el aire di\u00e1fano de un azul sin igual, los \u00e1lamos alt\u00edsimos en rectitud y dorados de abril, esa acuarela estaba recostada, resguardada sobre la cordillera de Los Andes al fondo, con sus picos nevados y al alcance de la mano gracias a la pulcritud de esa atm\u00f3sfera \u00fanica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Mart\u00edn se me present\u00f3 como la antesala de Mendoza, con sus vi\u00f1edos marr\u00f3n magenta en aquel recuerdo, su cordillera como bordando el horizonte, as\u00ed como las flores del mantel de la canastita de t\u00eda Rosita, que guareciera sus alfajorcitos de maicena y dulce de leche preserv\u00e1ndolos hasta el desayuno. Las acequias refrendando su condici\u00f3n con un hilo venoso de cristalinidad matinal, completaban ese primer cuadro y siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cada entrada a las fincas visualizaba carteles pizarras negros con r\u00fasticos trazos en tiza blanca que seduc\u00edan un convite perpetuo a duraznos frescos o en frascos seg\u00fan la \u00e9poca del a\u00f1o, vino patero, pan y tortitas, atados de jarilla, tomate triturado embotellado, nueces y muchas exquisiteces m\u00e1s, todas hechas en distanciamiento industrial, como en una factura confeccionada desde la resistencia, antiguamente adelantada a los tiempos del post progreso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegamos a la casona del t\u00edo Mario, en el borde de la ciudad, casa al frente, finca al fondo. Entre una y otra, amplio patio de intersecci\u00f3n hac\u00eda de fuelle, con su parral reinando que colaba el cielo, churrasquera y pileta de lavar la ropa a mano, a un costado. No recuerdo tanto de esa casa, pero s\u00ed de la ampl\u00edsima cocina. Esos d\u00edas vi all\u00ed a las mujeres trabajar sobre los productos del final del verano, acondicion\u00e1ndolos para poder pasar el invierno. Destino intermedio: la despensa en el s\u00f3tano. Aquellos mismos productos que se ofrec\u00edan en las pizarras del acceso a las fincas, sobre aquel camino recorrido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquellas cocinas en aquellas casonas eran un espacio febril, donde las ollas al fuego acunaban borboteos de agua hervida para cocinar, o mermeladas diversas a envasar, o frascos a esterilizar, o escabeches a resguardar, mientras ese fulgurar contribu\u00eda a empa\u00f1ar los vidrios de las ventanas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s all\u00e1 de lo narrado hasta aqu\u00ed, el centro del motivo de aquel primer viaje era para reencontrarnos con la parte italiana de nuestra parentela que se hab\u00eda radicado en aquella provincia, desde los inicios mismos del pasado siglo. La excusa, m\u00e1s concreta, el casamiento del t\u00edo H\u00e9ctor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tampoco tengo un recuerdo claro de aquella ceremonia, pero s\u00ed rememoro con cierta claridad el tono de \u00e9poca, el ambiente festivo y alegre de aquella celebraci\u00f3n. Era raro para mi asistir a ese tipo de festejos, al menos por entonces, pero ver las caras de alegr\u00eda de los gringos viejos y notar la felicidad del t\u00edo H\u00e9ctor y de su joven esposa, refrendada en sus rojos y brillantes cachetes, su frente ancha, su potente risa contagiosa y su ductilidad para amenizar aquella fiesta ejecutando su acorde\u00f3n al son de tarantelas varias, cumbias y canciones alegres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En mi mente de ni\u00f1o y cuando recorro aquellos recuerdos surge una verdadera acuarela sinf\u00f3nica de sentires y texturas de gentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con los a\u00f1os comprend\u00ed, tras muchos relatos de mi abuelo Albino, lo que significaba para ellos poder comer todos los d\u00edas del producto de la tierra labrada, lo que ellos mismo generaban. El enorme contraste de aquella tierra, aunque dif\u00edcil por la escasez de agua, pero a la vez generosa y abierta al m\u00fasculo y a la transpiraci\u00f3n de quienes se relacionaban con ella en asociaci\u00f3n con el trabajo cotidiano y continuo. Lejos hab\u00eda quedado el amargo recuerdo de la hambruna de la Italia que hab\u00edan dejado iniciando el siglo XX. Eran tiempos de alegr\u00eda y de expresarla como en un exorcismo que pusiera sideral distancia con aquellos tristes tiempos de aquella Europa que vomitaba gente hacia Las Am\u00e9ricas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Creo que ese viaje me aliment\u00f3 en ilusiones y me embriag\u00f3 de sentires que se perpetuaron a trav\u00e9s de los tiempos. Siempre habr\u00e1 un pen\u00faltimo tren a Mendoza por abordar en el and\u00e9n de la estaci\u00f3n de Jun\u00edn, es esa una convicci\u00f3n anidada en deseos arraigados en esencias de la ciudad ferroviaria, la de abuelos, t\u00edos y padres, la de las aspiraciones futuras de hijos y nietos.<\/p>\n<p><strong>Fuente:\u00a0<a href=\"https:\/\/laverdadonline.com\/penultimo-tren-a-mendoza\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"color: #ff0000;\">La Verdad On Line<\/span><\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Buenos Aires &#8211; Argentina &#8211; 01\/06\/2020:\u00a0Con los lacios y muy rubios cabellos al viento de por entonces, enfrentando el aire fresco aunque no fr\u00edo que me pegaba de lleno en mi cara de felicidad en una tarde de domingo, seguramente oto\u00f1al, iba paradito en el estribo de la motoneta \u201cISO\u201d blanca y amarillo p\u00e1lido que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":96896,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[10855,9105,9644],"class_list":["post-96895","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-nacionales","tag-10855","tag-actualidad","tag-news"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/96895","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=96895"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/96895\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":96899,"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/96895\/revisions\/96899"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/media\/96896"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=96895"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=96895"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=96895"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}