{"id":97372,"date":"2020-06-24T15:19:25","date_gmt":"2020-06-24T18:19:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.rieles.com\/front\/?p=97372"},"modified":"2020-06-24T15:19:25","modified_gmt":"2020-06-24T18:19:25","slug":"momentos-con-trenes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.rieles.com\/front\/momentos-con-trenes\/","title":{"rendered":"Momentos con trenes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Buenos Aires &#8211; Argentina &#8211; 24\/06\/2020:\u00a0<\/strong>Uno: La visi\u00f3n de un tren, detenido o movi\u00e9ndose en su noble opulencia, me acerca siempre a alguno de los momentos m\u00e1s entra\u00f1ables de mi vida. Como la nube de vapor que inundaba el and\u00e9n cuando la m\u00e1quina terminaba de frenar, as\u00ed, difusos, velados por los inviernos, veo los acontecimientos que se produc\u00edan con el arribo diario del tren a Ord\u00f3\u00f1ez, el pueblo de mi infancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los chicos nos parec\u00eda que si no \u00edbamos a la Estaci\u00f3n al mediod\u00eda, el tren no iba a llegar. El maquinista entregaba el aro de v\u00eda libre, mientras el estr\u00e9pito de ruedas y fierros nos produc\u00eda el terror propio del avance de semejante mole. Un olor a carb\u00f3n crudo avanzaba sobre nosotros mientras espi\u00e1bamos a trav\u00e9s de las ventanillas para ingresar a ese mundo viajante. La felicidad consist\u00eda en descubrir las caras de los viajeros que intentaban desentra\u00f1ar el alma del pueblo adonde se hab\u00edan detenido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy me parece un tiempo contado en horas, pero en realidad eran cuatro o cinco minutos en donde hombres presurosos se mov\u00edan componiendo una escena diaria de paquetes que sub\u00edan y bajaban del vag\u00f3n del correo, diarios y revistas atados con hilo sisal que ca\u00edan desvencijados entre la gente, bolsas con los rollos de pel\u00edculas que ver\u00edamos el s\u00e1bado, abrazos entre caras inflamadas de alegr\u00eda o de tristeza, despedidas a veces con augurios por dem\u00e1s pretenciosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las primeras pel\u00edculas con trenes que recuerdo son las que crecieron desde la pantalla del Cine Uni\u00f3n. Los s\u00e1bados por la tarde interrump\u00edamos todos los juegos, ten\u00edamos el encuentro anhelado con la matin\u00e9 de las cinco, con los episodios de El tren arrollador. All\u00ed, un casi adolescente John Wayne de traje y corbata, sub\u00eda y bajaba de un tren desbocado como si fuera menos el justiciero impuesto despu\u00e9s por Hollywood, que un trapecista imitador de Burt Lancaster. Le era indistinto viajar o luchar entre los ejes de acero que chirriaban sobre los rieles, o dar y recibir trompadas en un vag\u00f3n de carga, siempre a punto de abatirse sobre las v\u00edas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me pregunto si alg\u00fan sentimiento similar de la infancia habr\u00e1 influido a los hermanos Lumi\u00e8re a la hora de poner la fotograf\u00eda en movimiento. Porque en una de sus primeras proyecciones cinematogr\u00e1ficas, eligieron sabiamente como cuesti\u00f3n la llegada de un tren. All\u00ed est\u00e1n ya todos los ingredientes que producen un \u00e9xtasis ineludible: Viajeros y familiares y conocidos y curiosos puestos en el and\u00e9n flotan en una atm\u00f3sfera que hoy todav\u00eda sigue designando un acontecimiento impar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son incontables las pel\u00edculas que atesoran escenas memorables de despedidas que nos aplastan contra la butaca, en donde los personajes principales se quedan solos al lado de las v\u00edas. Desde all\u00ed parten sus miradas y alg\u00fan adem\u00e1n contenido hacia el amor que se ausenta. Los andenes han tenido en el cine siempre esa funci\u00f3n: Legitimar los movimientos de los protagonistas, sus encuentros y desencuentros, sus \u00faltimos besos, los movimientos de valijas y b\u00e1rtulos introducidos por las ventanillas cuando el tren ya est\u00e1 en marcha. Y los andenes han servido para inaugurar im\u00e1genes imborrables en los espectadores. Creo que la hist\u00f3rica despedida de Bogart a Ingrid Bergman y Lazlo en Casablanca, est\u00e1 situada en un aer\u00f3dromo porque el h\u00e9roe hu\u00eda hacia otro mundo. Porque si no es casi seguro que esa circunstancia se hubiera desarrollado en un and\u00e9n neblinoso de un paraje solitario, en donde un tren envuelto en vapor se detendr\u00eda s\u00f3lo para recogerlos y salvarles la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La llegada o partida de un tren siempre intenta iniciar o concluir un ciclo humano cuyos l\u00edmites podr\u00edan muy bien constituir los del mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Dos<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una clase de su taller literario, Alma Maritano me hizo entrar en desesperaci\u00f3n por leer un libro que conten\u00eda frases como \u00e9sta: \u201cEl olor a tren persiste incluso despu\u00e9s de que todos los trenes han salido, ese olor especial de las estaciones despu\u00e9s de haber salido el \u00faltimo tren\u201d. Por entonces, Si una noche de invierno un viajero, de \u00cdtalo Calvino, debi\u00f3 llegarme por encargo especial desde Espa\u00f1a porque hab\u00eda desaparecido de las librer\u00edas argentinas. Devor\u00e9 su primer cap\u00edtulo (y lo debo de haber rele\u00eddo unas veinte veces) embelesado por un clima de andenes ferroviarios que siempre me transportaron a la Estaci\u00f3n de mi infancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Atesoro una dedicatoria que lleva la firma de Jos\u00e9 Saramago. La escribi\u00f3 en casa de Alma sobre un papel cualquiera que le alcanc\u00e9 y result\u00f3 ser una contrase\u00f1a de nuestras admiraciones ferroviarias. Su letra se afianza cuando se ocupa de \u201cambos maquinistas\u201d, porque los dos coincidimos en que eso nos hubiera gustado ser en la vida: maquinistas. Ese d\u00eda dedicamos bastante tiempo a intercambiarnos las razones de nuestras fidelidades para con los trenes. Entonces, dijo una conclusi\u00f3n que todav\u00eda me conmueve: \u201cMucho m\u00e1s importante que los escritores son los maquinistas del ferrocarril, que todos los d\u00edas llevan a destino a cientos de personas sanos y salvos\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Tres<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El pueblo en donde vivo ahora creci\u00f3 alejado del tren que corre entre Rosario y Buenos Aires. La vieja ruta 9 copia con bastante fidelidad la margen derecha del Paran\u00e1, y las v\u00edas intentan lo mismo, aunque cuando se aproximan a Rosario se alejan del r\u00edo con decisi\u00f3n. Como pretendido parentesco entre los durmientes y el agua se erigi\u00f3 Pueblo Esther. Los chicos que viv\u00edan aqu\u00ed a mediados de los \u201850 eran felices aventur\u00e1ndose unos diez kil\u00f3metros a pie para ver pasar, en pleno campo, el Estrella del Norte que llevaba destino tucumano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En mi pueblo las v\u00edas comenzaron a ser invadidas por los yuyos a mediados de los \u201970. Las f\u00e1bricas de neum\u00e1ticos y camiones extranjeras comenzaban a llevar a la pr\u00e1ctica una palabra que les dar\u00eda excelentes resultados econ\u00f3micos: lobby. La dictadura privilegi\u00f3 la circulaci\u00f3n de pasajeros y bienes por las rutas, \u201cacord\u00f3\u201d con los consejos de Bernardo Neustadt y de su \u201cDo\u00f1arosa\u201d y, lo mismo que a sus opositores, tambi\u00e9n hizo desaparecer a los trenes. El presidente peronista de los \u201990 sentenci\u00f3 desde sus patillas \u201cramal que para ramal que cierra\u201d, se toc\u00f3 el bolsillo y complet\u00f3 ese trabajo deshonroso. En algunas pel\u00edculas excesivas sobre pa\u00edses excesivos, a los enemigos de la patria como \u00e9ste los cuelgan p\u00fablicamente. Cito a Tom\u00e1s E. Mart\u00ednez: \u201cNinguna ciudad ha nacido a la vera de una l\u00ednea de \u00f3mnibus, porque el \u00f3mnibus s\u00f3lo se posa sobre lo que ya est\u00e1, no sobre lo que se presiente\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En mayo de 1993, una helada y angustiosa noche, parti\u00f3 el \u00faltimo tren de Rosario hacia Buenos Aires. Hablo de la \u00faltima formaci\u00f3n de las que circulaban varias veces al d\u00eda cubriendo el recorrido en cuatro horas. De la imaginada multitud que iba a presenciar y deplorar ese acto de defunci\u00f3n en Rosario Norte, hab\u00edamos muy pocos. Y s\u00f3lo dos periodistas pensaron que no pod\u00edan abdicar de su oficio: Pablo Feldman y Reynaldo Sietecase. Cuando la m\u00e1quina aceler\u00f3 para partir, el maquinista y el \u201cfoguista\u201d ten\u00edan en la cara una resignaci\u00f3n que parec\u00eda desatendida en los escritorios esplendorosos de la Fraternidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay una pregunta recurrente que nos sigue interpelando: \u00bfPor qu\u00e9 y por qui\u00e9nes casi desaparecieron los trenes en nuestro Pa\u00eds? La cuesti\u00f3n, a veces insidiosa y parcial, tiene m\u00faltiples aristas pero todas confluyen en pocos v\u00e9rtices muy claros. Es cuesti\u00f3n de mirar las pol\u00edticas econ\u00f3micas de los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os (salvo excepciones) para hallar unos pocos apellidos saturados de responsabilidad. Pero adem\u00e1s, esos mismos nombres tambi\u00e9n tienen la exclusividad de la culpa sobre otra pregunta que puede considerarse la madre de aquella: \u00bfC\u00f3mo pasamos en Argentina de un 1974 con pobreza del cinco por ciento y desocupaci\u00f3n del cuatro, a este presente de \u00edndices inmorales? La palabra neoliberalismo dice presente.<\/p>\n<p><em>Por Juan Bereciartua<\/em><\/p>\n<p><strong>Fuente:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.pagina12.com.ar\/274123-momentos-con-trenes\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"color: #ff0000;\">P\u00e1gina12<\/span><\/a><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Buenos Aires &#8211; Argentina &#8211; 24\/06\/2020:\u00a0Uno: La visi\u00f3n de un tren, detenido o movi\u00e9ndose en su noble opulencia, me acerca siempre a alguno de los momentos m\u00e1s entra\u00f1ables de mi vida. 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