jueves, octubre 22, 2026
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España: Cuando en los trenes pasan cosas

Tomé el otro día un Intercity a Barcelona, en lugar del AVE, porque era más barato e iba bien de tiempo.

Era temprano. Apenas ocupar mi asiento, un calorcillo y la falta de oxígeno me invitaron a dar una cabezada. Pero fue tan profunda que, al despertar, me costó ubicarme, tanto que tuve la sensación de continuar en el interior de un sueño. ¿Qué eran, sino fantasías de la razón, esas sombras espectrales que nos rodeaban en medio de una densa niebla? Estábamos parados. ¿Por qué el convoy se habría detenido?

En el asiento de al lado lloraba silenciosamente una mujer. Le pregunté si le sucedía algo. Era búlgara, y me explicó que, debido al retraso del tren, iba a perder el avión en el aeropuerto de Barcelona. No llegaría a su país a tiempo para presentarse a un juicio que tenía pendiente, por lo que podía ir a la cárcel. Le consulté cuánto tiempo llevábamos parados (me pareció más elegante que preguntarle cuánto había dormido). Una hora, me dijo. La invité a un café con leche en la cantina (a uno noventa la taza de indescifrable líquido), y le pregunté a la camarera a qué hora íbamos a llegar a Barcelona. «Todavía pueden pasar más cosas», nos espetó. «¿Qué cosas?», se agitó la señora búlgara echando una inquietante ojeada hacia los bancos de niebla que nos tenían atrapados como en un vientre de ballena, por si de repente nos rodeaban manadas de lobos o comandos terroristas. «En los trenes pasan cosas –añadió con misterio la camarera–. Hasta que se llega a destino no se puede estar seguro de nada».

El consejero de Vertebración del Territorio del Gobierno de Aragón, José Luis Soro, tampoco estaba seguro de que nuestra comunidad tuviera que pagarle a Renfe cinco millones de euros para ayudar a mantener las líneas regionales, que son claramente deficitarias, y ha cancelado la partida, entendiendo que su aportación debería corresponder a la compañía nacional, y liberando a Aragón de un «vasallaje» heredado. Pero algunos alcaldes, como José Manuel Aranda, de Calatayud, han advertido sobre las graves consecuencias que para numerosos municipios puede traer el ya servido enfrentamiento entre las dos instituciones.

Si ya «pasaban cosas» a bordo de los trenes, imagínense las que, a partir de ahora, sucederán en los despachos de los políticos. Con tal de que no entremos en vía muerta…

Juan Bolea

El Periódico de Aragón

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