miércoles, octubre 14, 2026
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Las viejas estaciones

Reiteradamente se escriben notas en esta sección, sobre la importancia y la significatividad de preservar nuestro patrimonio cultural, tanto tangible como intangible. El valor de nuestro patrimonio histórico en San Juan es cuantioso, hay que preservarlo, no sólo para las futuras generaciones, sino considerarlo como aquella heredad que se fue conformando a través del tiempo y que fue cimentando nuestra identidad. A ello se suma la variable turística, no de menos importancia. Mucho se ha hecho en este sentido, pero aún falta. Un tema que aún no ha sido estimado en su justa medida es el referido a los pocos relictos históricos que sobreviven del otrora ferrocarril, concretamente aquel que en un tiempo unía nuestra ciudad con el departamento de Jáchal, que no solamente llevaba vagones de carga, sino de pasajeros y, pasaba por varios puntos estratégicos situados en diferentes departamentos y que en otrora también formaron parte de nuestra Historia. Viajando por la Ruta 40 rumbo a Jáchal y al comenzar el llamado ‘bolsón de Matagusanos’, zona por donde pasaron las tropas al mando de Cabot, observamos desde la altura pequeñas construcciones de color claro, que forman como un rosario arquitectónico. Son las antiguas estaciones por donde transitaba aquel legendario tren, por la vía férrea que fue inaugurada a mediados de 1931, gracias a la visión del ingeniero Matías Sánchez. Los últimos y largos tramos de este ramal fueron ejecutados por una empresa inglesa llamada ‘Dates y Hundt’. Entre estas estaciones aún quedan en pie la de Matagusanos, Talacasto, punto importante, donde se produce la bifurcación de la ruta que nos lleva a Iglesia y Calingasta. Luego hay otras, ya en territorio jachallero: Tucunuco, Niquivil, San Roque, hasta llegar a la villa cabecera. Fueron levantadas de robustas piedras lajas, con techo a dos aguas y tejas. En algunas existe una pequeña construcción, como una torre, que eran pozos de agua subterránea para abastecer las calderas de las locomotoras. Penosamente de estas construcciones sólo quedan las paredes, el resto fue depredado por el hombre. Junto a esta destrucción edilicia, se suma la desbastadora acción dañina de los rieles, que fueron robados o arrancados de cuajo y no precisamente por las crecientes.

Ojalá de lo que aún está en pie, el gobierno provincial, o las respectivas municipalidades que ostentan una Dirección de Cultura tomen medidas pertinentes y urgentes, sino desaparecerá uno de los más significativos exponentes de nuestro patrimonio-histórico-cultural.

Diario de Cuyo

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