Con sus 95 años recién cumplidos, Guillermo Chiambretto es parte de la historia viva de San Rafael y especialmente del ferrocarril. Este vecino fue uno de los responsables de llevar el primer tren en el trayecto Pedro Vargas a Malargüe en el año 1944.
Don Guillermo nos recibió en su casa junto a su familia y nos contó detalles de aquella travesía, en los años dorados del ferrocarril, donde la red se extendía y era la vía de comunicación de cientos de pueblos a lo largo del país, y -por supuesto- también en el sur mendocino.
Ingresó a trabajar al ferrocarril con 23 años en 1942, y se jubiló como maquinista el 1 de enero de 1974. En sus 34 años como ferroviario tiene anécdotas de todos los colores y en varios kilómetros de los rieles que supieron brillar en la época de esplendor del tren en el suelo Argentino.
«Entré en Rufino, Santa Fe, como peón del ferrocarril y luego como aspirante a la conducción. Luego estuve tres años en Monte Comán (en su primer contacto con el sur provincial), otros dos en Vicuña Mackena (Córdoba) y desde allí a Junín (provincia de Buenos Aires), donde trabajé nueve años», cuenta con memoria casi fotográfica Don Guillermo respecto a su andar sobre los rieles. La vida de ferroviario lo trajo nuevamente a Mendoza, y a mediados de los 50 llegó a San Rafael, donde trabajó hasta el 1 de enero de 74, ya que una ley prohibía a los mayores de 55 años conducir ferrocarriles.
La vida quiso que se quedara en estas latitudes y formara parte de uno de los sucesos más importantes para el ferrocarril del sur mendocino, la construcción e inauguración del ramal Pedro Vargas a Malargüe.
«Primero llevábamos el material rodante y después estuve en el viaje inaugural», contó Guillermo, y agregó que «cuando terminamos el viaje, el Administrador de los Ferrocarriles nos felicitó a mí y al foguista». «Salimos a las 7.30 y llegamos a las 12 a Malargüe», recuerda el ferroviario sobre la travesía de unos 180 kilómetros de rieles, y explica que «a las 16 emprendimos el retorno y a las 19 habíamos llegado a Pedro Vargas, donde estaba esperando una máquina de alta velocidad para llevar en un tren especial a los funcionarios hasta Buenos Aires».
Chiambretto tuvo cientos de viajes por las vías del sur, y como en Malargüe no había plataforma de giro de locomotoras, la maniobra se hacía en un triángulo de rieles para poner la máquina al frente de la formación.
Guillermo es el único que todavía puede contar la historia y atesora una hermosa fotografía de aquel momento. «Yo era maquinista segundo. En esa época iban dos, yo era uno y el otro un muchacho de Mendoza», y recordó que realizó varios viajes posteriores «ya que no había mucho personal en la zona y yo conocía las vías, por eso me llamaban para cubrir el tramo. Desde acá se llevaban muchas encomiendas y desde Malargüe venían materiales de todo tipo. Un tiempo se puso un vagón de pasajeros, pero el tráfico de gente no era mucho», explica.
Entre las anécdotas nos contó lo difícil que era transitar la Cuesta de los Terneros y la necesidad de hacerlo con dos locomotoras, asimismo, los recorridos por los rieles de San Rafael y los viajes a Mendoza, todo parte de una vida dedicada a la conducción del ferrocarril, a acercar y vincular mundos a través de los rieles, una realidad que hoy es añorada por miles de personas.
EL RAMAL
El «camino del oro negro» como se llegó a bautizar este ramal, fue un proyecto para paliar la falta de combustible durante la segunda guerra mundial.
El ramal fue construido por Ferrocarriles del Estado entre 1943 y 1944, en una obra a cargo del ingeniero Atilio Cappa. El mismo consta de unos 180 kilómetros entre Pedro Vargas y Malargüe, con 12 estaciones sobre la vía. Asimismo, se buscó extenderlo a la zona de Bardas Blancas, y aunque se llegaron a construir las estaciones El Chiuido y La Batra, el proyecto no terminó de cristalizarse.
EL RECORRIDO
El ferrocarril salía de Pedro Vargas, hasta el Kilómetro 11 en cercanías del Cerro Bola, para luego llegar hasta el paraje Los Terneros.
Desde allí hasta el Kilómetro 54 y luego a una de las estaciones más importantes, Salinas del Diamante, donde había un triángulo de giro y un desvío para cargar tanques de petróleo.
Posteriormente se accedía a Cañada Amarilla, paraje solitario donde el color del paisaje es el que da nombre a la zona. Desde allí el tren seguía a Los Parlamentos y luego a El Sosneado, lugar en que se puede apreciar un hermoso paisaje cordillerano y el volcán.
Kilómetros más adelante se erige el edificio de la estación El Chacay, y luego finaliza la travesía ferroviaria en la estación Malargüe.
Fuente y fotografía: diariosanrafael

