miércoles, octubre 14, 2026
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México: Rumbo de la estación de ferrocarril de León… una historia casi olvidada

El gentío lo esperaba, hombres de sombrero de ala ancha y carabinas al hombro, espolearon sus caballos con impaciencia al ver la llegada de aquella locomotora, en la que a bordo venía un hombre desde el norte, que pronunciaba: “Sufragio efectivo no reelección”. A su despedida los leoneses: hombres, niños, mujeres, le decían adiós, gritaban: “¡Viva Francisco I. Madero! ¡Viva Madero!”. Se precipitan para seguirlo, a pie, a caballo, y aquel tren con su larga estela de vapor y sonido agudísimo dejó atrás nuestra entonces estacion del ferrocarril de León.

Casi en el abandono

En el viejo Barrio de San Miguel se levanta el edificio blanquecino de la estación del ferrocarril de León, que yace inerte en un territorio abandonado, hostil por las noches, en el que es común ver mujerzuelas y borrachos, cerca de ahí, se puede se observa un asentamiento de pequeñas chozas en donde residen indígenas; hoy la construcción se conserva casi intacta, pero a expensas del deterioro humano y el tiempo, aún tiene función, pues es utilizado para guardar mercancías, el tren por migrantes en su largo camino y calvario que se cruza por México, rumbo a la frontera con Estados Unidos.

Las primeras imágenes de la estación del ferrocarril y de la ciudad de León

Mucho tiempo ha pasado desde que Francisco I. Madero se vio en imagen cinematográfica por primera vez en León a bordo de una locomotora especial, fotogramas en blanco y negro que enmarcaron el inicio de la historia e inestable época de nuestra entonces Revolución Mexicana, guerra civil que se hizo a bordo de trenes en “Memorias de un mexicano” de Salvador Toscano, los primeros que se hicieron de León, de México.

Un poco de historia

De acuerdo con el libro “León trayectoria y destino de Mariano González Leal”, el 4 de julio de 1880 la empresa del ferrocarril de Celaya a León había cedido todos sus derechos a la compañía del Ferrocarril Central Mexicano: “El importe de la vía fue de trescientos treinta y un mil treinta y cuatro pesos y el 27 de julio de 1882”.

Lo que fue de nuestra dulce estación

En el libro “Trayectoria y destino” se pueden observar fotografías de lo que entonces era el paraje solitario donde está ubicada la estación del ferrocarril, al fondo se observa el horizonte donde alguna vez se alzó limpio el fulgor del atardecer. Las conexiones de vías férreas conectaron León con Lagos y Guanajuato, un par de años después llegaron hasta Ciudad Juárez.

En un documento que escribió Antonio Malacara, proporcionado por el Archivo Histórico Municipal de León (AHML), dice que la terminal se edificó “con capital norteamericano, inicialmente se construyó aquí una estación de tipo rudimentario, con un corto andador, para así, en forma provisional, mientras se adquiría un terreno adecuado, recibir y expedir pasaje y mercancías. Aquella estación se encontraba a escasos metros donde se encuentra la actual y por mucho tiempo se llamó ‘La Estación de Pompa’, quizá por su cercanía con esa hacienda o ranchería, pues el terreno donde se halla hoy el parador de pasaje, bodegas de express y carga, así como el patio de vías se le conocía, en aquellos tiempos, como punto de San Germán y era solo un fracción de la Hacienda de Santa Rosa”, dice el escrito.

El motor del progreso, en un territorio salvaje

En julio de 1882 “nuestros sencillos antepasados vieron llegar a su comarca” (relata Antonio Malacara), el progreso de la industrialización y de uno de sus inventos más representativos: la locomotora de vapor.

El tren de vapor marcó el principio del final de un pasado romántico en el que vivían los hombres a caballo y revólver en cintura, codos doblados, miradas aceradas, duros, fieros, sustituyó entonces las finas diligencias. De una época representada en la historia, en cuentos, novelas, en el cine de Sergio Leone al enmarcar la belleza de Claudia Cardinale en “Erase una vez en el Oeste”, precisamente en una estación del tren.

La mirada de Altamirano al ferrocarril

Alguna vez uno de los grandes narradores y cronistas decimonónicos de México, Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893), escribió en su libro “Paisajes y leyendas”: “Sigamos: una cosa moderna se levanta allí, la civilización ha venido a plantar su estandarte también en medio de ese rincón inculto y salvaje que parece la llegada de la gran metrópoli. Es el ferrocarril. Las estaciones se levantan airosas y risueñas, haciendo descansar la vista de tanta miseria y de tanto horror. La locomotora agita su penacho de humo y lanza su grito agudo y simpático que va a despertar al perro que duerme el sueño del hambre, y al mendigo que yace postrado en su lecho maldito como Job”.

Rumbo de la estación

Relata Mariano González Leal en su obra “León, trayectoria y destino” que estuvo en planes de llevar esa estación a Calzada de los Héroes: “El cambio no llegó jamás a verificarse, originando así que a partir de los últimos años del siglo el pueblo soliera referirse a la zona sur de la ciudad como el el rumbo de la estación”, célebre por los paseos dominicales “a ver el tren” y a comer lechugas de las que por aquella zona abundaban, lo que también generó que los viajeros que, de paso por León, contemplaban por las ventanillas la abundancia de lechugas nos designasen con el conocido mote de “panzas verdes”.

Datos

1880 Se construyen varias líneas de corto alcance y tramos breves, en las que en el trazado se encuentra la estación de León.

4 de julio. La empresa del Ferrocarril de Celaya en León cede todos sus derechos a la compañía del Ferrocarril Central Mexicano.

1882 El 27 de julio se pone a disposición la vía urbana que une la Plaza Principal con la estación

Julio llega el ferrocarril a León.

1911 Pasa por nuestra estación el ya electo presidente Francisco I. Madero.

Eloy Japhet Esquivel

 

Fuente y fotografía: elsoldeleon

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