El 30 de agosto de 1857 se ponía en marcha el primer ferrocarril en Argentina, inscribiendo en la historia un acontecimiento que dejaría una marca relevante en el progreso del país.
El 12 de enero de 1854, nacía oficialmente el primer ferrocarril argentino bajo la ley provincial que acordaba a un grupo de ciudadanos porteños la concesión para la construcción de una línea ferroviaria desde la ciudad de Buenos Aires hacia el Oeste, indefinidamente. Esta fue la primera Ley Ferroviaria sancionada en nuestro país.
El acto de concesión se celebra el 25 de febrero de 1854 con la firma del gobernador, Pastor Obligado, y de los principales integrantes de la “Sociedad del Camino de Fierro de Buenos Aires al Oeste”, casi todos comerciantes de la ciudad: Felipe Llavallol, Francisco Balbín, B. Larroude, Mariano Miró, Daniel Gowland, Manuel J. de Guerrico, Norberto de la Riestra, Adolfo Van Praet, Esteban Ramos y Vicente Basavilvaso.
Sus iniciadores trabajan arduamente en el invierno de 1854 y en agosto de ese año presentan los planos de la línea. La primera estación se establece en el Parque, donde hoy se encuentra el teatro Colón. Desde allí, las vías tomaban la calle Lavalle y continuaban por Callao, Corrientes, Centro América, hasta empalmar en la actual Plaza Once con el trazado que se mantiene hoy, rumbo a Flores.
Durante los años de 1855 y 1856 la línea avanza, a pesar de todas las dificultades. A las penurias financieras debe agregarse la oposición natural de los que veían en el ferrocarril un competidor imbatible, carreros, troperos, fletadores.
A pesar que la ley facultaba el arrastre de los convoyes con caballos, la compañía adquirió dos locomotoras en Inglaterra. Estas locomotoras arribaron al país el 25 de diciembre de 1856 y fueron denominadas “La Porteña” y “La Argentina”.
La Porteña realizó su soplido inaugural de vapor el 27 de enero de 1857. El rodado era del tipo 0-4-0 ST, podía alcanzar una velocidad cercana a los 25 km/h y pesaba 15.750 kg.
Las grandes lluvias que cayeron en el otoño de 1857 retrasaron los trabajos de terraplenamiento y enrieladura, pero no resquebrajaron la voluntad de los directores para que el 29 de agosto de ese año, la primera línea ferroviaria argentina de 10 kilómetros de extensión, sobre una trocha de 1,676 m (5 pies 6 pulgadas), fuera inaugurada solemnemente con asistencia del entonces gobernador del Estado de Buenos Aires, Dr. Valentín Alsina, quien fue acompañado en el viaje inaugural por caracterizadas personalidades de la época, entre otras el Gral. Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento, Dr. Pastor Obligado, Dalmacio Vélez Sársfield, Estanislao del Campo, autoridades y de hombres prominentes de la ciudad.
Finalmente, el 30 de agosto de 1857 comenzó a prestar servicio regular de dos frecuencias diarias en ambos sentidos.
A partir de esa fecha histórica, el ferrocarril comenzó a expandirse por casi todo el territorio argentino, con distintas características, con importantes obras de ingeniería logró transponer las fronteras. Toda su extensión llegó a sumar más de 40.000 kilómetros de vías que conectaban las principales capitales y los pueblos de las provincias con los puertos, generando una importante herramienta de crecimiento en la economía del país.
Lamentablemente con el correr de los años, las distintas políticas lo fueron dejando de lado reducido a una mínima expresión, y en un estado casi de abandono, salvo pocos casos puntuales, donde así y todo no logran satisfacer los requerimientos de la demanda, acorde a los tiempos que corren.
Hoy vemos como se está tratando de revertir la situación, caso en el área metropolitana de Buenos Aires y en ciertos ramales de cargas, donde se está realizando una importante inversión en infraestructura y material rodante. Pero también vemos con desazón como los pocos ramales regionales existentes van dejando de estar operativos, sin que surja alguna solución ante la necesidad de la gente que no cuenta con otros medios para poder movilizarse.
Es de esperar que esta situación se revierta y podamos contar con un ferrocarril eficiente y confiable como lo supo ser, tenemos la oportunidad para recuperar todo el tiempo perdido y lograrlo, más hoy día cuando este medio de transporte se está reivindicando mundialmente como consecuencia de su influencia en las economías, en el cambio climático, y otras externalidades que pesan al momento de hacer el balance final.
No hay más que ver como el resto de los países desarrollados cada día renuevan, y extienden más vías férreas con importantes innovaciones tecnológicas.
Agencia Rieles


