El proyecto europeo Life Impacto Cero trata de reducir su mortalidad con medidas correctoras
Trece trayectos al día, seis entre León y Madrid y otros siente de regreso, a una media que oscila entre 250 y 300 kilómetros por hora, suponen una muerte segura para las aves que puedan cruzarse en su camino. Los trenes de alta velocidad han traído progreso y movilidad para la sociedad, y son una alternativa mucho más ecológica al avión por la reducción de dióxido de carbono, sin embargo también se han convertido en una causa de preocupación desde el punto de vista ambiental por el enorme impacto que supone para fauna, en especial para las aves. Urracas, palomas, cornejas, ratoneros, cernícalos, golondrinas, gorriones y perdices son algunas de las 104 especies que abundan en el tramo que une León-Valladolid y Madrid y que son víctimas fáciles para estos trenes que en ocasiones atraviesan Zonas Especiales de alta Protección de las Aves, más conocidas como Zepas, como es el caso de Tierra de Campos. En esta zona habita la avutarda, un ave incluida en el Libro Rojo de las aves de España como «vulnerable» y que figura en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, que está especialmente expuesta al paso del tren, —no vuela y puede pesar hasta 18 kilos—, por lo ya se han registrado varios casos de colisión. Otras aves de envergadura como la cigüeñas, los cormoranes y los buitres también están siendo víctimas de la alta velocidad.
Para frenar esta sangría, se ha a desarrollado una nueva metodología que estudiar el impacto de los trenes de alta velocidad sobre las aves. Para ello, se ha instalado un sistema de vídeo en la cabina de las locomotoras durante más de 14.000 kilómetros de circulación a velocidades de 250 y 300 kilómetros por hora. «Esto ha permitido obtener la primera estimación publicada de mortalidad de aves por los trenes de alta velocidad y entender mejor los comportamientos de las que condicionan el atropello», señala Juan Malo, autor del estudio e investigador en la Universidad Autónoma de Madrid, que colabora con Renfe en este proyecto LIFE+ Impacto Cero de la Unión Europea, con el que se busca la manera de minimizar los daños de estos trenes entre las aves.
En concreto, han calculado que un AVE en marcha se cruza con aves en las proximidades de su frontal cada 14 kilómetros de recorrido, aproximadamente; y atropella a uno de ellos cada 350 kilómetros circulados.
En el caso de León-Madrid con trece tramos de 345 kilómetros, —seis de ida y siete de vuelta—, se estima que al día mueren por colisión 12,8 aves, lo que suma un total de 4.485 al año.
Posados en las vías
Según el trabajo, alrededor de un tercio de los cruces de la vía ocurren por debajo de la catenaria, lo que corresponde a aves que se arriesgan a ser atropelladas. «Además, más del 25% de los cruces de aves frente al tren tienen como protagonistas a pájaros que se encontraban posados en el suelo, las vías o los cables de la propia infraestructura momentos antes del paso del tren», indica el investigador.
El registro de vídeo también ha permitido comprobar que las aves reaccionan generalmente a una distancia del tren de 60 a 136 metros, por lo que su alta velocidad les deja poco tiempo para escapar. «Como consecuencia, una pequeña fracción de las aves que pueden avistarse desde el frontal de un tren acaban muriendo atropelladas», añade.
Para reducir el atropello de aves, el equipo de investigación propone estudiar procedimientos para que, en primer lugar, las aves no usen elementos de la infraestructura, y en segundo lugar se establezcan sistemas que disminuyan la frecuencia con la que los animales vuelan a través del área de riesgo por la que circulan los trenes. Este último es un objetivo específico del proyecto LIFE+ Impacto Cero.
«Los datos publicados servirán para informar sobre las evaluaciones de impacto ambiental que se hagan en el futuro en las vías de ferrocarril que vayan a construirse, y para orientar el diseño de medias correctoras», concluye Malo.
MARIA CARNERO
Fuente y fotografía: diariodeleon


