La línea está gestionada por una compañía oriental y cruza en 18 días Europa y Asia hasta quedar a 300 kilómetros de la filial en Shanghai de la firma
La compañía cerámica Porcelanosa estudia cambiar el medio de transporte de sus productos con destino a China. En lugar de recurrir al barco, como es habitual hacerlo en el sector y en buena parte de la industria exportadora española, se plantea la opción de hacerlo por tren. Sin embargo, no se trata de una línea de transporte cualquiera, sino de la que oficialmente es la más larga de mundo, denominada Yixinou, y que recorre desde hace dos años los 13.000 kilómetros que separan Madrid de la ciudad china de Yiwu, situada en la costa del océano Pacífico.
Los ejecutivos de la empresa fundada por José Soriano conocieron la existencia de ese tren gracias a un encuentro que organizó la Cámara de Comercio de Valencia y están valorando todavía los pros y los contras. En favor de la opción pesa que el viaje dura 18 días, frente a los más de 30 días que requiere la ruta marítima. Además, la ciudad de destino está a 300 kilómetros de su filial en Shanghai, una distancia similar a la que separa el centro de producción de la empresa en Vila-real y la estación de origen de la ruta transcontinental, en Madrid-Abroñigal.
La experiencia china de Porcelanosa evoluciona con éxito desde que el grupo estableció su primera oficina de proyectos en la República Popular el año 2012. Si objetivo era buscar cómo incrementar su penetración en el país asiático, donde contaba con una larga trayectoria a través de socios distribuidores.
Aunque la voluntad de la empresa impulsora del proyecto ferroviario, la china Yiwu Tianmeng Shiyi, es hacer la ruta una vez al mes y mantener un tráfico fluido de contenedores por este medio, lo cierto es que ha sufrido el efecto de las complicaciones que puede tener un trayecto tan largo que pasa por tantos países. Concretamente ocho: China, Kazajistán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania, Francia y España. Así, mientras la primera vez se tardó 21 días en completar el trayecto y lo habitual es que lo consiga en 18, ya en su tercer viaje se alargó hasta 34 días, a causa de la huelga de los trabajadores ferroviario alemanes.
Los promotores de la ruta Yixinou inciden a la hora de vender sus características en que el transporte por ferrocarril va más despacio que el aéreo, pero mucho más barato, mientras que significa un ahorro elevado de tiempo respecto a las rutas marítimas, más baratas pero más lentas.
Un viaje casi épico
En todo caso, el viaje sigue manteniendo un punto casi épico. El proyecto está respaldado por el gobierno de la ciudad de Yiwu, que ha pasado en 10 años de ser poco más que una aldea a convertirse en una ciudad de más de dos millones de habitantes. Además, el nombre de esa entidad pública ya es de por sí evocador: Sociedad Limitada de Inversiones Comerciales y Empresariales Alianza Celestial de Yiwu.
Los operadores ferroviarios que ejecutan el proyecto son dos de los más importantes del mundo: Inter Rail Services y DB Schenker Rail, pero el reto no se les queda corto. Las locomotoras se reemplazan cada 800 kilómetros y se están realizando una media de tres descargas de contenedores a lo largo del trayecto por el cambio del tipo de vías. La primera es en la frontera que separa Kazajistán y China (Dostyk-Alashankou), entre Bielorrusia y Polonia (Brest-Malaszewicze) y en la frontera hispanofrancesa, concretamente en Irún, para tomar el corredor atlántico y no el mediterráneo, a pesar de las medidas tomadas para adaptar este último al ancho europeo.
El principal obstáculo para el negocio que se busca con esta línea está en que el tren haga el trayecto en los dos sentidos lleno. Teniendo en cuenta la capacidad exportadora china, el viaje del Este al Oeste es el que tiene más demanda, pero ya es más complejo que los niveles de ocupación se mantengan de forma habitual en el otro sentido. Por el momento, lo que está transportando es principalmente vino, aceite de oliva, agua mineral con gas y zumos de frutas.
Diversas empresas valencianas han tanteado también esta posibilidad, pero la tensión en la estiba, que lleva meses afectado a la productividad de los puertos españoles, ha disparado el interés. Sin embargo, son pocas las compañías que ya han dado el paso hasta ver la evolución de esta alternativa.
Á. MOHORTE
Fuente y fotografía: lasprovincias

