jueves, octubre 1, 2026
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Colombia: Desarrollo sin ferrocarril, una ficción

Los ejemplos difícilmente pueden ser más claros. Prácticamente todos los países que han logrado desarrollarse lo han sustentado en buena medida en su sistema ferroviario. Las naciones de Europa occidental así como los Estados Unidos, que vieron progresar exponencialmente su costa oeste luego de conectar esos territorios mediante el tren al resto del país, son los más evidentes.

Pero aquí en Colombia, el Estado no se da por aludido. Como en muchos otros aspectos, un factor que resulta esencial para desarrollar una economía como lo es contar con una red férrea, internamente ni siquiera se considera.

Y es que a pesar de que de vez en cuando se conocen algunas iniciativas, eso sí privadas, para avanzar en ese sentido, no encuentran apoyo serio o de consideración en su contraparte gubernamental.

Es así como el transporte terrestre interno continúa entre los más costosos del mundo, a pesar de que si se contara con trenes se mejoraría ostensiblemente en ese rubro.

Así mismo, el tránsito de pasajeros por carretera, que aún es lento y no pocas veces peligroso, florecería sin lugar a dudas incluso para rubros como el turístico, si algún día se contara con la opción del tren.

Pero hay que insistir, eso no ha sido posible y al parecer, tampoco lo será en el corto o mediano plazo.

De hecho, Colombia es el país con menos kilómetros de vías férreas en la región, donde este sistema es de por sí enclenque, sin que se conozca algún plan o proyecto del Estado para remediar el problema.

A los otrora Ferrocarriles Nacionales se los devoraron la corrupción y las malas administraciones oficiales, en lo que se ha convertido en una muestra más de lo que esas dos enfermedades le suponen a Colombia.

El desarrollo de un sistema ferroviario en Colombia, que entre otras cosas valdría la séptima parte de lo que cuesta construir una vía, no significaría necesariamente un peligro para el transporte por carretera. Una combinación entre las dos modalidades es probablemente la mejor opción, si es que algún día el Estado deja su apatía eterna.

Vanguardia

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