Los medios de transporte convencionales son cada vez más seguros. Durante las últimas dos décadas, la evolución tanto en seguridad pasiva como activa ha quedado patente con la irrupción de algunas tecnologías que prometen ayudar a reducir el número de víctimas mortales por debajo de mínimos históricos durante los próximos años. A pesar de ello, queda mucho trabajo, no sólo para reducir la siniestralidad en las carreteras, también para hacer del avión y de los trenes unos transportes aún más seguros.
Una de las preguntas que tradicionalmente nos hemos hecho, corresponde a las razones por las que los trenes, al contrario que en el caso de aviones, autobuses y coches, no es obligatorio el uso del cinturón de seguridad. Desarrollado e introducido en la década de los 30 para las aeronaves como elemento de seguridad pasiva, no llegaría a los automóviles hasta dos décadas después, siendo considerada como una de las ocho invenciones más significativas entre 1885 y 1985. Sin embargo, los trenes en nuestro país nunca han incorporado dichos elementos en sus vagones y en países en los que se ha probado, entre ellos Finlandia, no ha terminado de prosperar. Pero, ¿por qué no se implementan los cinturones de seguridad en los trenes?
En muchos casos se recurre a una cuestión de comodidad como principal razón. El tren es un medio de transporte que permite a sus clientes moverse libremente entre vagones, sin importar el tipo de recorrido (larga distancia, alta velocidad, corto recorrido…), mientras que en aviones y coches no se permite tanta libertad. Otra de las justificaciones es que dicho sistema de seguridad podría ser negativo en caso de accidente o incendio a la hora de evacuar el tren, una razón que no parece lo suficientemente convincente si se puede garantizar que se podrán salvar más vidas utilizando dichos sistemas de retención.
Lo cierto es que hace casi dos décadas que se estudia la posible implantación de un sistema de seguridad fiable e individual para los pasajeros de los trenes y por el momento no se ha encontrado una alternativa convincente a la tecnología actual. En el caso del automóvil, no podemos olvidar que estamos hablando de un medio de transporte mucho más ligero, en el cual llevamos una estructura que envuelve a los ocupantes y cuyo diseño está realizado con el objetivo de protegerles al máximo en caso de colisión.
Al hablar de una masa menor, también es menor la inercia que se genera, por lo que resulta más factible el realizar una ‘célula de seguridad’ que permita disipar gran parte de la energía del impacto. En estas condiciones, cinturones y airbags han demostrado ser un sistema eficaz para complementar a dicha estructura. Según la DGT, con su utilización se reduce la posibilidad de fallecer en un accidente en torno a un 50% que en el caso de no llevarlo puesto.

Es precisamente al caso de los aviones al que podemos asemejar los trenes. También hablamos de una gran masa en movimiento, la cual en caso de accidente es casi imposible de frenar rápidamente para evitar la colisión, mientras que la estructura de los vagones colapsaría por completo al absorber la energía del impacto. Al no tener una maniobra de aceleración y frenado tan brusca como en el caso de los aviones y, además permitir a los pasajeros moverse por el tren, no se justifica de forma clara su implantación en el mismo.
Casi 60 años de vida en constante evolución:
A pesar de que se introdujo en los automóviles en la década de los cincuenta por Robert McNamara y después modificado por el ingeniero Nils Bohlin en el sistema de tres puntos que conocemos actualmente (se empezaron a instalar también en las plazas traseras en 1967, y en 1986 se pasó a utilizar en la butaca central trasera), los cinturones de seguridad han sido históricamente considerados como uno de los elementos de seguridad más importantes de la historia. Desde entonces, las cifras apuntan a que se han salvado más de un millón de vidas gracias a su uso y su tecnología sigue evolucionando con el paso de los años para hacerlos aún más efectivos ante cualquier tipo de circunstancia.
Ford ha sido uno de los fabricantes que más novedades ha presentado durante los últimos años, empezando por la presentación de sus cinturones traseros inflables. Precisamente fue el Ford Mondeo el primero en introducirlos en Europa, siendo un sistema capaz de dispersar por el cuerpo cinco veces mejor las energías que se producen en un accidente de tráfico respecto al cinturón convencional. Según el fabricante de Detroit, se reducían las lesiones producidas en regiones del cuerpo como la cabeza, el cuello y el pecho en los pasajeros de las plazas traseras gracias a su inflado rápido con gas comprimido frío en apenas 40 milisegundos.
Modelos como el nuevo Fiesta, presentado a finales de 2016, incorpora novedosos sistemas de sujeción, incluyendo una nueva lengüeta de bloqueo que evita que el cinturón se deslice durante el accidente, eliminando la necesidad de utilizar un airbag de rodilla en el caso del conductor. Los asientos traseros cuentan también con limitadores de carga y pretensores, los cuales sólo se ofrecían hasta ahora para las plazas delanteras.
Iván Fernández
Fuente y fotografía: diariomotor



