sábado, octubre 24, 2026
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Reino Unido: La mejor colección de trenes del mundo

Es uno de los museos más visitados del Reino Unido y probablemente el más popular de su clase en el mundo. Y eso a pesar de que el National Railway Museum (NRM) no está en Londres, sino en la pequeña ciudad de York, una maravilla medieval a dos horas de la capital que nos sirve para confirmar que Gran Bretaña es mucha Gran Bretaña. Este año el museo celebra su 40 cumpleaños.

Nadie espera que un tren quepa en una caja de zapatos, pero el tamaño de los hangares y el número de máquinas acharoladas en escena en el NRM es apabullante. Atesora más de 300 locomotoras llenas de Historia. Una de las joyas de la corona es la Mallard, que rompió el récord mundial de velocidad en 1938 de las locomotoras a vapor, una marca que nunca volvería a batirse. En su día, sus diseñadores se inspiraron en los Bugatti y aún hoy sorprende por su aspecto futurista.

La fiera azul comparte sala con la Duchess of Hamilton, con toda su opulencia art decó; y con el King George V, la más potente de Inglaterra allá por los años 20 del siglo pasado. También con el icónico Shinkansen, el único tren bala al que podrá subirse sin tener que ir a Japón.

Porque esa es una de las ventajas de este museo, que está concebido para ver, pero también tocar y soñar. Los visitantes pueden subirse a un vagón de lujo de principios del siglo XX o en uno de los trenes de pasajeros más antiguos del mundo (de 1800), por citar solo dos ejemplos. La colección suma hasta 280 vehículos sobre raíles.

El Great Hall es el hangar que contiene las locomotoras más espectaculares, perfectamente pintadas y relucientes, mientras que el Station Hall alberga los trenes más historiados, esos palacios sobre ruedas que con su traqueteo hicieron felices a los más privilegiados: el suntuoso vagón de terciopelos donde viajaba la reina Victoria, el espléndido salón de fumar de Eduardo VII o el primer carruaje de la reina Isabel.

El museo atesora también más de un millón de objetos que repasan los 300 años de historia del ferrocarril. Desde posters a fotografías, pasando por relojes de estación, señales de tráfico, mobiliario, cuberterías de plata, modelos, juguetes, documentales clásicos… Todo lo que pueda imaginarse y más.

La entrada al museo es gratuita y llegar no puede ser más fácil. Desde la actual estación de tren de York, un esplendoroso edificio en sí mismo, son cinco minutos caminando y desde el centro de la ciudad, unos diez a bordo de un trenecito turístico sobre ruedas muy ad hod. La visita dura tanto como el amor y la curiosidad por los trenes que tenga cada uno (hay biblioteca y hasta sala de archivos). No dude en tomarse algo en el Mallard Cafe, rodeado de estas prodigiosas máquinas.

Ocholeguas

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