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30 años no son nada, pero como sigue doliendo. Cuando nos quedamos sin el Tren.

Buenos Aires – Argentina – 10/03/2023: Las últimas horas transcurrieron sin ninguna novedad en el ámbito nacional respecto de un tema que, indagando un poco más en nuestra historia, nos da la pauta de porqué el sistema logístico y de transporte de pasajeros terrestre está en la situación que se encuentra. Un día como hoy pero de hace 30 años atrás vencía la última prórroga del Decreto 2388/92 del Gobierno Nacional a la suspensión general de los servicios de pasajeros de larga distancia que se había dispuesto para aquellos cuya explotación no fuera afrontada por el gobierno de las provincias en donde hasta ese día, aún se servían de trenes desde y hacia Buenos Aires. Un sistema unitario pero que nos conectaba como nunca volvimos a ver.
Numerosos servicios que hoy vemos como de imposibles de ver pasar, aún estaban circulando hacia capitales como Corrientes, Posadas, San Juan, San Luis, Resistencia o Jujuy que, a ya 30 años, jamás siquiera volvieron a ver un tren de pasajeros rodar por sus viejos andenes. Y casos paradigmáticos como San Luis o San Juan que directamente levantaron sus vías en los accesos a sus capitales provinciales.
Otras provincias como Salta, Buenos Aires, Río Negro, Tucumán y Chaco decidieron mantener provincialmente el sostenimiento del servicio de trenes pero sin invertir con la estructura ni con la espalda financiera que significaba Ferrocarriles Argentinos, una de las mayores empresas del mundo en aquellos años por capital y por trabajadores.
Una materia pendiente que hoy se nos debe en las escuelas y universidades de lo que esto significó para el desarrollo de nuestro país. Pero la falta de información y enseñanza respecto de la historia de los ferrocarriles argentinos nos da la noción de porqué en su momento no tuvo el apoyo ni la lucha necesaria para evitar que está política, devenida del Decreto Nacional 666/89 de supresión de Trenes de Pasajeros Interurbanos, tuviera lugar. Cuesta encontrar material fílmico que nos muestre alguna manifestación contra esta situación.
La denominada frase «ramal que para, ramal que cierra», tuvo un sostén muy fuerte en un amplio número de Diputados y Senadores nacionales, sindicalistas, empresarios del transporte y también de muchos medios de comunicación a lo largo del país. Claramente Menem no estuvo solo, por si hay alguien que quiere olvidar esta parte de la historia.
De tener 47,500 km de líneas férreas divididas en seis ferrocarriles, nombrados en honor a grandes próceres en respectivas regiones del país y de ser la sexta red en extensión del mundo, luego de su estatización en 1948, comienza un innegable declive por falta de inversiones necesarias para su mantenimiento y de falta de visión de Estado, encolumnadas primero con el Plan Larkin en 1959, la Dictadura en los 70 y el Menemismo en los 90.
En estos 30 años no todo fue malas noticias, en numerosos lugares se gestaron ONG y Juntas Promotoras de la recuperación de los servicios ferroviarios que en buena medida tuvieron éxitos. Desde 2014 se vive un verdadero cambio de tendencia en la caída del uso de este excelente y único medio de transporte. Pero sigue siendo insuficiente, hoy menos del 5% de las cargas nacionales y el 8% del movimiento de pasajeros se mueve por tren. Debemos exigir que en nuestras áreas de influencia se retomen estos servicios y en especial, se consigan servicios urbanos. Salta es un excelente caso de éxito producto de una lucha de muchos años para recuperar el tren desde Salta a Campo Quijano, que se sumó al trayecto hacia Güemes. Resta que los gobiernos velen por una verdadera política de Estado para recuperar de acá hacia los próximos 30 años lo que se perdió y podamos pensarnos que podemos torcer de una buena vez la tendencia bajista en el uso del tren, y nos miremos en un proyecto nacional como sucedió en muchos países de Europa o Estados Unidos. Pero con una impronta criolla que nos haga mejor

Por Matias Sanchez Pastrana – Estudiante de Administración, UBA

Fuente: Agencia Rieles

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