El gobierno británico encargó a HS2 Ltd estudiar si reducir la velocidad de diseño de 360 a entre 300 y 320 km/h permite ahorrar miles de millones de libras y acelerar la entrega de la línea de alta velocidad.
La secretaria de Transporte del Reino Unido, Heidi Alexander, encargó a HS2 Ltd explorar alternativas técnicas para reducir la complejidad del proyecto de alta velocidad. La medida, anunciada ayer, se enmarca en lo que el gobierno define como un reinicio del programa. «Voy a aprovechar cada oportunidad para recuperar tiempo de construcción y ahorrar dinero a los contribuyentes», declaró la ministra.
El punto central del análisis es la velocidad de diseño. HS2 fue concebida para circular a 360 km/h, lo que la habría situado como la línea ferroviaria más rápida del mundo. Sin embargo, ninguna red en el Reino Unido ni en el mundo está preparada para operar a esa velocidad. Esa limitación técnica obliga a terminar la vía antes de poder realizar las pruebas del material rodante, lo que eleva los costes y dilata los plazos de entrega.
Operar en el rango de 300 a 320 km/h alinearía a HS2 con referentes como HS1, el Shinkansen japonés o la red TGV francesa, que operan en esa franja. Según el gobierno, el impacto en los tiempos de viaje sería marginal y la medida permitiría incorporar pasajeros al servicio con mayor rapidez.
Mark Wild, director ejecutivo de HS2 Ltd, presentará sus conclusiones a la ministra durante el verano, junto a una actualización del cronograma y los costes. «La velocidad nunca fue el objetivo principal. Esta línea aportará más capacidad a la red y crecimiento económico», sostuvo Wild. En el último año también completó seis hitos de construcción antes del plazo: la excavación del túnel de Bromford (que cerró las 23 millas de túneles profundos), el deslizamiento de una estructura de 14.500 toneladas bajo la carretera A46 y la finalización del túnel de Northolt, tres meses antes de lo programado.
En el plano económico, HS2 moviliza a unos 30.000 trabajadores y da actividad a miles de empresas del Reino Unido. El proyecto ferroviario aportaría 20.000 millones de libras a las economías del oeste de Londres y las West Midlands, y habilitaría 63.000 nuevas viviendas en los próximos diez años.
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