martes, julio 7, 2026
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México: Familia Herrera: Historias que siguen recorriendo las vías

Aunque son pocos los recuerdos que conserva en papel, José Refugio Herrera Saldaña guarda innumerables vivencias en su memoria.

Paloma Gatica | Saltillo.- Recorrió miles de kilómetros en sendas ferroviarias de Vanegas a Monterrey, viajó de Saltillo a San Luis Potosí, desde Torreón hasta Aguascalientes, recorrió Veracruz, el entonces Distrito Federal, Jalisco y en alguna ocasión chocó de frente contra una locomotora, resultando ileso.

Ser ferrocarrilero era tradición en su familia, un oficio que sus ancestros habían enseñado a las nuevas generaciones para ganarse la vida. En la época de oro del ferrocarril, ser maquinista era uno de los oficios más respetables a los que un hombre, que se jactara de serlo, pudiera aspirar.

José Refugio Herrera Saldaña nació, creció y formó su familia en las vías del tren. Su abuelo materno, Abelino Saldaña, fue pasacarbón en la época de la Revolución, en los vagones de Francisco Villa, mientras que su abuelo paterno, Bruno Herrera Cruz, fue fogonero de trenes particulares a quien, víctima de los bandidos de la época, despidieron luego de que le robaron el tren completo.

Sus padres también trabajaron en las locomotoras. Su madre servía en la estación cuando aún estaba ubicada en el hospital de ferrocarril; su padre fue ferrocarrilero e instructor de vías.

Ferroviarios 1

José y sus hermanos se pensionaron como maquinistas de caminos. “Mi hermano Manuel hace poco falleció, y Armando, quien sigue vivo, es pensionado. Aún tenemos familia en las vías, nuestros hijos también son ferrocarrileros todavía”, cuenta con orgullo.

Su esposa no podía ser la excepción. La conoció sobre las vías cuando ella trabajaba en las cuadrillas de carros, a quien se “robó” sin conocer, sin haber sido novios. Eso pasó a los tres días de haber bailado con ella en un festejo de la estación, hace 46 años.

PESADILLA EN EL PUENTE

La memoria de José es el templo de muchas andanzas, las revive detalle a detalle cuando rememora y relata, sin embargo, son mínimas las que guarda en papel. Las pocas fotografías que conserva de su época como maquinista es porque familiares y allegados se las han obsequiado.

Ferroviarios 2

Ver las imágenes le ayuda a echar a volar los recuerdos que los andares recorridos por las vías del ferrocarril le regalaron en sus 46 años de servicio en Ferrocarriles de México. El recuerdo del accidente ferroviario en Puente Moreno en 1972 sigue fresco pues dejó una huella imborrable en su corazón, al igual que en el de muchas familias que perdieron a sus seres queridos.

Recuerda que los ferrocarrileros fueron los primeros en llegar al lugar del accidente. “Los primeros que llegamos fuimos los ferrocarrileros porque nadie se había dado cuenta. Ni el estruendo del tren que se escuchó pudo guiarlos”, señala.

Alega que a los pocos minutos de haber llegado al lugar arribaron los alumnos de la Universidad Agraria Antonio Narro guiados por el instinto, cuando se percataron de la fumarola que se elevaba cientos de metros; enseguida llegaron los paramédicos y bomberos.

Hasta la estación más cercana llegó Francisco Javier Vázquez, quien viajaba como garrotero en otro tren y desde lejos divisó el accidente. A pesar de los lamentos y la terrible postal que sus ojos presenciaban, continuó su camino para pedir auxilio.

Apenas Francisco pronunció palabra de lo acontecido, los maquinistas viajaron por las vías hasta donde se avistaba la polvareda y el humo, recuerda José.

Las primeras imágenes de lo ocurrido viven en su mente como si estuviera ahí. Son desgarradoras, dice.

“Lo primero que vi fueron las máquinas, estaban volteadas, todos en el tren teníamos preferencias por algo, unos por las máquinas, otros por los carros, yo buscaba a mi gente, a mis compañeros, pero no podías pasar porque los mismos heridos te jalaban para que los sacaras”, recuerda José.

De entre los fierros retorcidos José sacó a varias personas, otras fallecieron antes de que lograran quitarles de encima los vagones que literalmente los habían partido a la mitad.

No obstante los tristes recuerdos, dice que son muchas más las buenas vivencias que prevalecen en su memoria, las cuales conservará por siempre y, está seguro, seguirán vigentes gracias a sus hijos y al amor que les heredó por el oficio.

zocalo

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