miércoles, julio 8, 2026
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Bariloche 1934: El tren de la melancolía viaja al pasado ferroviario

Nuestra historia

A 82 años de la primera llegada del tren a la ciudad, la antigua estación es Monumento Nacional.

Cada vez que el guarda agitó el pañuelito verde e hizo sonar el silbato, muchas manos se habrán agitado desde el andén y cientos de cabecitas asomas desde las ventanillas se despedían entre lágrimas y sonrisas que intentaban ocultarlas. Finalmente cuando la estación quedaba en silencio, a lo lejos, en el horizonte el tren se hacía diminuto. Cuando desaparecía, las señoras giraban para darle la espalda a aquellas formaciones que se habían perdido en el paisaje y caminaban del brazo de algún familiar luciendo sobreros que combinaban con polleras que caían por debajo de la rodilla. Los señores se acomodaban nuevamente el sombrero y quizás proponían un trago en el club social que estaba dentro de la estación.

La estación de trenes se construyó estratégicamente cerca del muelle de Parques Nacionales donde se cargaba y descargaba mercadería que realizaba el cruce comercial de los lagos a Chile.

En 1934 cuando llegó primer tren de carga. Un año después arribaron a Bariloche los primeros pasajeros desde Buenos Aires y con estos la ciudad se consagró como destino turístico al que llegaban los jóvenes aventureros de las clases altas.

Fue un gran acontecimiento para la colonia agrícola que esperaba la llegada del tren con ansias desde 1916. Gran parte de la población se congregó en la estación con banderas y una gran asado para recibir a la primera locomotora.

Luego de 82 años el edificio sigue guardando su encanto melancólico de toda terminal. La estructura de piedras y techo de tejas negras atesora las historias de despedidas y reencuentros de las que fue testigo.

En el 2016 fue declarado Monumento Nacional y es uno de los patrimonios culturales de la ciudad mejor conservado. Su boletería es la original de madera con detalles en bronce, al igual que el mobiliario y algunas reliquias que se exhiben en la galería como tesoros de la historia.

Daniel Rodríguez el actual jefe de estación, recibió a ANB en su despacho y contó con pasión de familia de ferroviarios historias que se desplegaban entre vías y andenes.

“Antiguamente el jefe de estación era casi una institución. Tenía mucho prestigio. Se llegaba a través de un concurso al que solo podían presentarse los ferroviarios con la categoría habilitante, es decir, aquellos que hicieron una carrera en el tren. Luego rendían un examen y quien estaba a la altura del puesto cubría la vacante”, explicó Rodriguez.

Los jefes de estación cubrían las vacantes en diferentes pueblos por donde pasaba el tren y el puesto incluía vivienda a donde el empleado se trasladaba, por lo general, junto a su familia.

Cerca de cada estación se encontraban las colonias de guardas, estaban divididas en colonias de solteros y de casados. Había una gran rivalidad entre ambas colonias a la hora de organizar los partidos de futbol, pero luego todos los empleados se reunían en el club social que estaba ubicado donde ahora se encuentra el restaurant El Expreso.

La antigua estación que resistió distintos gobiernos, robos, hechos de vandalismo e intentos de reforma, conserva su magia tan particular que embruja a cualquier pasajero que se detenga a sentir su olor compuesto por el añejo de aquellos materiales originales. (ANB)

Por Sofía Solá

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Fuente y fotografía: anbariloche

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